A pocos días de recibir un nuevo año, resulta inevitable recordar lo ocurrido durante la noche del 24 y la madrugada del 25 de diciembre, cuando se registraron siete incendios en distintos puntos de la ciudad de Arequipa. No se trató de hechos aislados, sino de una alerta que vuelve a repetirse cada fin de año.
Las emergencias se concentraron principalmente en distritos como Miraflores, Mariano Melgar y zonas cercanas a la variante de Uchumayo y Huaranguillo, áreas donde viviendas y espacios urbanos quedaron expuestos a situaciones que pudieron terminar en tragedia.
El brigadier Juan Antonio Córdova Bolaños, primer jefe de la Compañía de Bomberos Arequipa N.° 19, exhortó a la población a extremar las medidas de prevención, advirtiendo que un solo descuido durante las celebraciones puede desencadenar emergencias totalmente evitables. Además, señaló que durante las fiestas de Año Nuevo no solo aumentan los incendios, sino también las atenciones médicas de emergencia, muchas de ellas relacionadas con el consumo excesivo de alcohol y la falta de control en reuniones familiares.
En la mayoría de los casos, el origen de estos incendios está vinculado al uso de fuegos artificiales. Sus restos, al caer sobre techos fabricados con materiales altamente combustibles como madera, cartón o plástico, pueden provocar incendios en cuestión de minutos. Lo que empieza como un momento de euforia termina, muchas veces, en pérdidas materiales y riesgo para la vida.
Detrás de estas emergencias hay un factor común: la negligencia. La falta de responsabilidad y de conciencia colectiva sigue siendo evidente. Son muchos los padres que no enseñan a sus hijos los peligros de la pirotecnia, pese a los numerosos casos de lesiones graves en menores de edad registrados cada año por su uso inadecuado.
Faltan pocos días para iniciar un nuevo año, y quizá sea el momento oportuno para dejar atrás malas costumbres que se repiten sin reflexión. Cada acción tiene una consecuencia, y celebrar no debería significar poner en riesgo a toda una ciudad. La verdadera responsabilidad empieza cuando entendemos que evitar incendios no es tarea de los bomberos, sino de cada ciudadano.