La madrugada del 13 de septiembre… Lima no dormía porque esperaba conocer al nuevo campeón. En plazas, cafeterías, sangucherías y redes sociales se alzaba un clamor: «¡Perú campeón!». En la pantalla apareció un nombre y un plato: pan con chicharrón. Y desapareció la duda: habíamos ganado.
El español Ibai rompió el silencio: “Con 12,8 millones de votos, el desayuno peruano es el ganador del Mundial de Desayunos”.
La batalla por el bocado
La contienda empezó semanas antes. Países de los cinco continentes presentaron sus desayunos más emblemáticos en un torneo impulsado por Ibai, donde los “me gusta” en plataformas sociales como TikTok o Instagram fueron las armas de combate.
Para los peruanos el camino tuvo un punto de inflexión en la semifinal contra Chile: casi diez millones de interacciones llegaron desde todas partes. “Perú ha batido récord de votos”, dijo el streamer.
El final fue dramático. El pan con chicharrón se enfrentó a la famosa Arepa reina pepiada venezolana, y ganó por apenas unos cientos de miles de votos.
El sabor convertido en símbolo
En un puesto de sandwiches en el Mercado San Camilo, a las siete de la mañana, un pan humeante sale del mostrador. Los trozos de chicharrón crepitan, el camote frito dorado yace al lado, la salsa criolla se asoma con sus láminas de cebolla. Un cliente emocionado dice: “Este es el desayuno del mundo”.
Ese instante resume algo más que un sándwich. El pan con chicharrón es tradición dominical, es familia reunida, es domingo cálido y charla compartida. Y ahora, es campeón del mundo digital.
La victoria y sus ecos
En Lima, en el distrito de Miraflores se organizó una feria del pan con chicharrón para celebrar. Sangucherías locales se unieron, cafés permitían votar con un QR, y la pantalla gigante mostraba la transmisión del anuncio. La municipalidad invitó a todos a celebrar.
Desde las redes hasta el Congreso hubo reacciones. Mensajes de orgullo, imágenes del plato, banderas ondeando en balcones. El triunfo ya no era solo gastronómico, era patriótico.
¿Y ahora qué?
La sartén de oro —sí, un trofeo simbólico— viajará a Perú para iniciar una gira entre cafeterías y mercados. Muchos propietarios de sangucherías ya reportan ventas récord. Se dice que el pan con chicharrón puede convertirse en el nuevo “embajador” culinario del país.
Pero también surge la reflexión de que en medio de celebraciones, se recuerda que para muchos peruanos esa delicia no es diaria sino esporádica; un lujo frente a tantas carencias.
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Que un desayuno gane un “mundial” digital no es trivial. Significa que algo tan sencillo como un pan con chicharrón puede unir, puede emocionar, puede levantar un aliento nacional. En un país que tantas veces busca identidad, el sabor fue su consigna.
Y mientras las sangucherías en Lima, Barcelona o Madrid preparan esa combinación dorada de pan, cerdo y camote, el país sonríe. Porque no solo ganó un sándwich, ganó un momento de orgullo, ganó el derecho a decir que, al menos por unas horas, fue “el mejor desayuno del mundo”.
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